viernes, 18 de mayo de 2007

11-M: los forenses, un detalle y la verdad




Colaboraciones nº 1706   |  18 de Mayo de 2007
 
La jornada de ayer tuvo dos frentes: en la sala, fue el día de los forenses; fuera de ella, los medios debatieron acerca de la interpretación del informe pericial sobre los explosivos.
 
Los forenses
 
La declaración del los médicos forenses tuvo tres aspectos bien diferentes: por un lado, se habló del trabajo en el IFEMA para realizar las autopsias a las víctimas; por otro, de las practicadas a los suicidas de Leganés; y finalmente, de la profanación de la tumba del GEO que falleció en la operación llevada a cabo allí.
 
En cuanto a las primeras, hay un único detalle a destacar. Las víctimas del 11-M murieron desde luego a consecuencia de la explosión, pero uno de los forenses, en un determinado momento, dijo que no habían encontrado objetos que perforaran o golpearan los cuerpos. Lamentablemente, ni la Fiscal, ni las acusaciones particulares, ni las defensas repreguntaron sobre este detalle. Ni siquiera el Juez Bermúdez, tan atento a los cabos sueltos, se percató de la importancia de este punto, que habría merecido una aclaración. ¿Por qué? Pues porque en la mochila de Vallecas, además del teléfono móvil, los cables y el explosivo, se encontró algo más de medio kilo de metralla. Si los cadáveres no presentaban incrustados tornillos o tuercas, ni perforaciones, la conclusión es que las bombas que estallaron el 11-M fueron construidas con arreglo a unos parámetros diferentes de los de la mochila de Vallecas.
 
Respecto de los suicidas de Leganés, los forenses fueron puestos en evidencia por los abogados cuando les preguntaron en qué basaban la conclusión que contiene su informe relativa a que la causa de la muerte de los integrantes de la célula de Leganés fue el suicidio. Se hizo evidente que lo único que ellos pueden certificar es que murieron a causa de una explosión y que, en el momento de producirse ésta, estaban vivos. Al final, vinieron a reconocer que su conclusión se basa en los informes policiales y, lo único que ocurre es que, de su examen, no resulta nada que contradiga la hipótesis del suicidio.
 
En cuanto a la profanación de la tumba del GEO que falleció a consecuencia de la explosión provocada por los terroristas suicidas, uno de los forenses dejó bien claro que la quema del cadáver tras la profanación es irrelevante a efectos del borrado de alguna evidencia que pudiera conservar el cadáver. Lo categórico de la afirmación desafía la lógica. Una cosa es que la quema no fuera todo lo intensiva que sería necesario para borrar todo vestigio que el cadáver pudiera conservar y otra muy diferente es que no desapareciera ninguna, ni que ésa no fuera la intención de los profanadores. Tampoco en esta ocasión hubo repreguntas.
 
Un detalle relevante
 
Sin embargo, el detalle más importante de los que han revelado los forenses, lo dio uno de ellos cuando habló del examen que hizo a los detenidos. Fue a preguntas de la Fiscal, cuando, con inocencia sólo aparente, se interesó por si los procesados, tras su detención, habían sido objeto de malos tratos. Fue entonces cuando el forense reveló que Jamal Zougam, cuando fue examinado poco después del 14 de marzo, le preguntó quién había ganado las elecciones.
 
Recordemos que Jamal Zougam es el único procesado que fue detenido antes de las elecciones. Su condición de marroquí fue lo que convenció a los españoles que tenían que acudir a las urnas al día siguiente de que la autoría era de origen islamista. A lo largo del juicio, las pruebas existentes contra él se han ido revelando insuficientes, ya que no se ha acreditado ninguna relación con la célula de Leganés, supuesta autora del atentado, y los testigos que reconocieron haberlo visto en los trenes se contradijeron, tanto en lo que se refiere a los convoyes donde fue visto, como en cuanto a la ropa que vestía. De manera que lo único que le queda a la Fiscalía es el hecho de que fue el que vendió la tarjeta telefónica hallada en el teléfono de la mochila de Vallecas. No sólo, sino que, a pesar de que tuvo intervenido su teléfono por la Policía, debido a que era considerado un peligroso fundamentalista, jamás se le probó nada y nunca fue detenido antes del 13 de marzo. Admitido que el atentado del 11-M tenía como finalidad cambiar el resultado de las elecciones, el preguntar Zougam por cuál fue es algo que le incrimina, aunque es obvio que no lo suficiente como para poder condenarle por el asesinato de 191 personas.
 
Sin embargo, la revelación es importante. Y es que, aunque es muy probable que Zougam no colocara las bombas, no es descartable que colaborara con los terroristas para que el atentado cumpliera su fin. Recuérdese que Zougam fue identificado por varios testigos en diversos convoyes porque se apoyó en el hombro de uno, arroyó a otro, y preguntó a un tercero sobre cómo ir a Atocha. En todas las ocasiones vistió ropa distinta y, en una ocasión, uno de los testigos recordó una escayola en la nariz, que ninguno de los otros vio. Así que todos lo reconocieran tras su detención, pero, a la vez, tales testimonios permiten que sea finalmente absuelto por ser contradictorios los unos con otros. Este posible modo de colaborar con los que colocaron las bombas, fueran o no los de Leganés, implica un cierto compromiso con el fin del atentado y explica la pregunta hecha al forense.
 
Con todo, desde el punto de vista procesal, hay que decir que es una base muy débil en la que poder fundamentar una condena de la magnitud de la que pesa sobre Zougam.
 
Los explosivos en los medios
 
Como era fácil de esperar, la actitud de oficialistas y conspiracionistas ante el informe pericial relativo a los explosivos empleados ha sido muy diferente.
 
Por un lado, El Mundo destacó que los peritos de la Guardia Civil reconocen que el explosivo empleado en uno de los focos tenía que tener, entre sus componentes, el dinitrotolueno, lo que descartaría el empleo de la Goma 2 ECO. Esto no es exacto. El informe de los peritos de la Guardia Civil dice efectivamente que: “En todas las muestras tomadas de los focos de explosión de la Estación de Atocha, Estación de El Pozo, Estación de Santa Eugenia y calle Tellez se detecta dinitrotolueno como componente explosivo”. Pero esta forma equívoca de expresarse no quiere decir que crean que el explosivo empleado tenía que tener entre sus componentes el dinitrotolueno. Y para darse cuenta, basta seguir leyendo: “Cabe hacer la misma reflexión anteriormente indicada para las bolsas contenedoras. Puede decirse de ellas que el nitroglicol sale con toda facilidad, incluso a los pocos días de haberlas cerrado (primer ensayo medido a los 4 días). Igualmente y con el tiempo, perfunden el dinitrotolueno y la nitroglicerina”.  O sea, que creen, estén o no en lo cierto, que la presencia del dinitrotolueno podría deberse a que éste “perfunde” el plástico del que están hechas las bolsas empleadas por los TEDAX.
 
Por su parte, el oficialista El País, ya no dijo que el informe concluye que se empleó Goma 2 ECO, tal y como hizo el martes, sino que, con él en la mano, no puede descartarse que lo empleado fuera Goma 2 ECO. “Ni afirmarse”, deberían añadir.
 
El caso es que ninguno de los dos resaltó lo más importante del informe: que, con los medios de que han dispuesto los peritos, no puede saberse qué estalló en los trenes. Y no sólo, sino que debieran haber destacado ambos el escándalo que supone que los trenes hayan sido desguazados, que el agua y acetona con que se lavaron las muestras recogidas de los focos, se haya perdido, que las pocas que queden se hayan guardado en bolsas permeables a contaminaciones y que, para colmo de negligencias, se hayan conservado en un lugar donde la contaminación hipotéticamente producida lo haya sido precisamente de sustancias que se emplean en la fabricación de explosivos.
 
Ayer mismo publicó el The Washington Post una noticia en la que se dio cuenta de la teoría de tres científicos norteamericanos según la cual Kennedy fue asesinado a consecuencia de tres balazos y no dos. Si fuera cierto que las balas fueron tres, quedaría acreditada la presencia de un segundo tirador, además de la de Larry Lee Oswald. Por eso, han solicitado examinar los cinco fragmentos de bala rescatados tras el crimen. Con independencia de la solidez de esta nueva teoría, el caso es que, como es natural, los cinco fragmentos se conservan debidamente custodiados. ¿Qué pensaría el resto del mundo y la misma sociedad estadounidense si el FBI dijera ahora que los cinco fragmentos han desparecido, se han tirado a la basura, se han descompuesto o se han mezclado con infinidad de evidencias de otros crímenes almacenadas en un sótano? Han pasado más de cuarenta años desde el magnicidio y allí pueden hoy, con nuevas técnicas, examinar esos fragmentos y confirmar o rebatir lo que cualquier científico tenga a bien alegar. Aquí, después de tan sólo tres años, no quedan trenes, no quedan los líquidos empleados en los primeros análisis, y las pocas muestras conservadas están tan contaminadas que apenas pueden revelar nada de interés.
 
El juicio que se sigue en la Casa de Campo no tiene por finalidad investigar estos hechos, pero no estaría de más que el tribunal, en algún momento, acordara ponerlos en conocimiento del Ministerio Fiscal por sui fueran constitutivos de delito. También sería reconfortante que alguien, con suficiente autoridad para ello, comenzara a investigar si se ha incurrido en negligencia inexcusable en el proceso de recogida y conservación de pruebas relativas al mayor atentado terrorista de la Historia de España. Y, mientras tanto, al periódico de mayor tirada lo único que le preocupa es que la versión oficial se sostenga, aunque sea cogida con palillos, y el que le sigue a la zaga en difusión titula a cuatro columnas y editorializa apoyándose en frases sacadas de contexto.
 
Si llegamos un día saber lo realmente ocurrido, será un auténtico milagro.

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